Ir en la micro, con la mente allá lejos donde nieva y el cuerpo sentado tiritando
pensando constelaciones, inventando idiomas antiguos y soñando con marte saliendo tras la cordillera
ir en la micro, si, con la mente llena de próceres inútiles
y mentiras políticamente correctas, pensando en las llamas altiplánicas con señoras a cuestas
y los árboles, ah los árboles y sus conversaciones lentas y brumosas
en su vida pausada, en esa vida que olvidamos recordar, que damos por hecha mientras la niebla se evapora.
Sueño también, con tu cuerpo fino de polilla
ese mismo que tú mismo ignoras, sumergido en la materialidad de los días.
pienso en la Teresita (¿Estará durmiendo?) y sus alas de ceniza, la hermanita fea de esas flores
con alas.
te veo venir, toda espirales y sonrisas con una taza de té en la mano (esa taza que parece ser una extensión de tu cuerpo, y el vapor de nuestras conversaciones) y me dan ganas de subir los ocho, en verdad, para encontrarte como siempre con un abrazo eterno y la lengua que se te desata
con el alma desatándose, en verdad.
Miro por la ventana, con Santiago corriendo tras los vidrios como perseguido por el demonio
y me doy cuenta, que en verdad, todo sigue inmóvil.
Y es acá cuando la canción acaba.
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